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De vuelta a "casa" — Abel & Alei

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De vuelta a "casa" — Abel & Alei

Mensaje por Alei S. Daghouti el Sáb Mar 03, 2018 6:09 am


Abel —
Apretó el agarre con el que enredaba sus dedos a las hebras anaranjadas de la mujer, misma que hundía la cabeza entre sus piernas hasta tener, y con mucho esfuerzo, la mitad del miembro del incubo dentro de su boca. Con la lengua se rascaba entre los colmillos, más bien completamente distante de la mujer que intentaba complacerlo. Desde hacía un par de días su cabeza volaba un poco en algunos pensamientos. Una sensación de que algo muy conocido se acercaba a su posición le dejaba inquieto.


Alei —
Un año. Había pasado un jodido año desde que esa mujer lo tomó a la fuerza y se lo llevó, encerrándolo en una jodida mazmorra de ese lugar al que hacía tantos años que había dejado de llamar hogar. Pasaron muchas cosas, demasiadas, algunas de las cuales sinceramente le habrían sido imposibles de creer si alguien más se las hubiera contado y aún así, allí estaba, libre, lejos de las garras de esa arpía. Hacía tanto desde la última vez que pisó el mundo humano, que temía no encontrar a Vas y Abel, no obstante, sabía que sin importar dónde fuera o donde estuviera, siempre podría hallar la forma de encontrar al pelirrojo. Asi había crecido, al fin y al cabo.

Abrió la puerta de par a par, mientras sus ojos observaban indiferentes la escena que se estaba llevando a cabo en ese lugar- He vuelto, Abel. -Fue lo primero que salió de sus labios, mientras la mujer, sorprendida y avergonzada, trataba de alejarse del miembro ajeno para cubrirse- No siento el olor a Vas ¿Dónde está?


Abel —
—Oye... —Tiró del cabello de la mujer, no obstante, antes de poder decir más, un helado escalofrío recorrió su espina, haciéndole enderezar la espalda, acto seguido, el sonido de la puerta abriéndose, y una voz que, por un momento, creyó era solamente un producto de su aburrida imaginación. —Alei... —Se paró al instante, así, desnudo como estaba, y prácticamente olvidando que había una tercera persona ahí, aproximándose a él y aferrando sus manos a sus mejillas con todas las fuerzas que pudo. —Ah, no podía dejar de pensar en ti. —La voz tembló, y los labios fueron al rostro ajeno, en las mejillas, en los labios, en el cabello, en cualquier lugar donde pudiese entregarle afecto. —Él volvió a casa, tenía un hermano enfermo. —Lo ojos verdes revisaban cada rincón del moreno, con mucho anhelo. —


Alei —
Sus ojos lo observaban, atento, consciente de lo mucho que esa mirada parecía decirle que había estado preocupado. Soltó un suspiro, abriendo ambos brazos para estrecharlo entre ellos- Esa bruja... ni siquiera dejó que os dijera que seguía vivo. -Mencionó, más, no tenía ganas de hablar de ella, ni de las nuevas cicatrices que habían aparecido en su cuerpo o los signos de heridas aún sin curar en el mismo. Se separó del ajeno, rascándose la nuca- Ya veo, asi que se ha ido a casa... Bueno, no quedará más que esperar a que vuelva, supongo.  


Abel —
Igualmente le estrujó, mientras la mujer se enredaba en una sábana y salía a toda prisa del lugar, sin siquiera despedirle. Los dedos del pelirrojo recorrieron la espalda, palpando, reconociendo, suspirando con un alivio que no había encontrado desde la partida abrupta de su primo. —No sé cuánto más pueda tardar. Se apenas unos días después de que tú lo has hecho. —Sinceramente, se había llegado a sentir algo solo. —Como sea. ¿Estás bien?


Alei —
Lo miró a los ojos y sonrió- Estoy bien, no ha sido la gran cosa. Solo una enorme locura, a decir verdad. -Explicó, mientras se encogía de hombros- ¿Qué hay de ti? ¿Cómo has estado? -Preguntó, mirando los alrededores. Aquel lugar definitivamente no se veía como una estancia de larga duración- ¿Cómo sabrá Vas dónde encontrarnos? Estamos algo lejos del lugar en el que estábamos originalmente antes de... bueno, de que me llevaran.


Abel —
—Entiendo… —No preguntaría. Si Alei se decidía a decirle, lo haría a su tiempo. —Estoy bien. Simplemente un poco aburrido. —Admitió, alzando los hombros. —Y tranquilo. Vas sabe que estoy instalado a un par de casas de aquí. Una anciana extraña nos dio alojo un par de días antes de que Vas se fuera. Simplemente es cuestión de esperar. —Aunque no tenía idea de cuánto tiempo podía significar eso.


Alei —
Ya veo. -Suspiró algo aliviado igual- Me alegra que estés bien. Eres un idiota, asi que temía que estuvieras armando un ejercito para ir a buscarme o algo. -Bromeó, mientras se dejaba caer en un sillón que había en esa sala- ¿Has visto a... tu madre y a ese sujeto, en estos últimos meses? -Preguntó, haciendo una mueca de disgusto- Hay algo de lo que debería hablar con él, pero sin importar cuanto lo he intentado, me ha sido imposible contactarlo. -Era curioso que, cuanto más necesitaba localizarlo, era cuando menos lo lograba. Ese estúpido padre suyo simplemente aparcería cuando le era conveniente y luego desaparecía de la faz de la tierra sin más.


Abel —
—Lo estuve, pero no es fácil reunir gente en el mundo humano. —Fue un fracaso rotundo. Ni siquiera Vas estaba para apoyarlo. De hecho, cuando Vas se había ido, estaba que temblaba de ansias de saber que Alei llevaba desaparecido algunos días. Seguramente seguía con la angustia de no saber. —No, están completamente desaparecidos. —Alzó una ceja. —Sin embargo, sé como contactar a mi madre, aunque es más fácil por la noche, si gustas más tarde lo intentamos. —No se dignaba a separarse. —Y en cuánto Vas, sólo nos queda esperar…


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Alei S. Daghouti

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